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1.
Etiología:
Establecer
la probable etiología de un ictus es básico para
el correcto tratamiento del paciente que lo sufre.
De un modo general definimos 2 tipos de ictus: isquémico
y hemorrágico. Sólo el estudio de neuroimagen en
el momento agudo puede diferenciar ambos de forma
eficaz.
Ictus
isquémico. Distinguimos fisiopatológicamente
3 tipos. La clasificación del ictus isquémico según
estos mecanismos patológicos (tras el estudio clínico)
tiene suma importancia por la implicación terapéutica
posterior (prevención 2ª):
1.1.
Aterotrombótico.- Patología de grandes arterias,
habitualmente extracraneales, (carótida interna,
vertebrales, cayado aórtico,...) como fuente de
émbolos arteria-arteria o provocando un compromiso
hemodinámico a distancia.
1.2.
Lacunar.- Patología de pequeño vaso intracraneal,
con formas clínicas de presentación estereotipadas
y bien definidas (hemiparesia pura, disartria-mano
torpe,...). Normalmente se presentan en pacientes
hipertensos.
1.3.
Cardioembolia.- Cuando el paciente presenta patología
cardiaca embolígena (fibrilación auricular, valvulopatías,
IAM reciente,...) y excluimos patología ateromatosa
carotídea severa (estenosis >50%).
Ictus
hemorrágicos. De forma espontánea se producen
la hemorragia parenquimatosa y la subaracnoidea.
La hemorragia subdural y la epidural suelen tener
un origen traumático.
2.1.
Hemorragia parenquimatosa.- La localización en ganglios basales suele
tener un origen hipertensivo. La localización lobar,
sobre todo si se trata de pacientes jóvenes y sin
HTA, nos obliga a pensar en malformaciones vasculares
subyacentes.
2.2.
Hemorragia subaracnoidea.- Debe investigarse la presencia de aneurismas
en arterias del polígono de Willis.
2.
Actitud diagnostica ante un paciente con ictus
Anamnesis:
Recoger
los déficits observados por el paciente o familiares,
sobre todo en el caso de accidentes isquémicos transitorios
en los que la exploración será normal.
Tiempo
de instauración: nos orienta a pensar en el origen
vascular del déficit neurológico (de segundos a
horas).
Es
muy importante recoger en los antecedentes los factores
de riesgo vascular: HTA, diabetes mellitus, patología
cardiaca, tabaquismo, enolismo, síndrome de apnea
del sueño, estados de hipercoagulabilidad, hematocrito
elevado en varones, la combinación en mujeres de
migraña + toma de anticonceptivos orales + tabaquismo.
Exploración
física:
Sistémica:
no han de faltar la recogida de constantes (T.A.,
pulso, temperatura), la auscultación cardiaca y
la de troncos supraaórticos (carotídeos y supraclaviculares).
Neurológica:
definir el nivel de consciencia, existencia de signos
meníngeos, los sistemas funcionales afectados (lenguaje,
signos de heminegligencia y trastornos campimétricos
visuales, pares craneales -identificando posibles
problemas en la deglución-, fuerza y su grado de
alteración, sensibilidad, coordinación y marcha)
y la presencia de un signo de Babinski.
Exploraciones
complementarias:
ECG.
RX
tórax
Analítica
general con iones, glicemia, función renal, hemograma
y coagulación.
TAC
Craneal: por sistema debe realizarse de forma urgente,
salvo en casos de enfermedad terminal o demencia
vascular ya diagnosticada. Permite la distinción
entre ictus isquémicos y hemorrágicos (labor en
la que la clínica se ha mostrado insuficiente) así
como identificar otros procesos que pueden simular
un proceso vascular (tumores y metástasis, abscesos,...).
Debe
repetirse a los pocos días si
a.
TAC inicial no diagnóstica y existe una alta sospecha
de isquemia (salvo indicación de resonancia magnética).
b.
Ante la sospecha de transformación hemorrágica (cardioembolia,
cefalea).
c.
Necesidad de anticoagular (cardioembolia).
d.
Si se produce deterioro neurológico.
Resonancia
Magnética: debe realizarse cuando la TAC CRANEAL
es insuficiente para el diagnóstico: en ictus del
territorio VERTEBRO-BASILAR, en sospechas de trombosis
venosas cerebrales, disecciones de troncos cervico-cefálicos,
malformaciones arterio-venosas y en ocasiones puede
detectar aneurismas en casos de hemorragia subaracnoidea
(pero no debe sustituir a la arteriografía).
En
los pacientes con Ictus
isquémico se realizará DOPPLER de troncos supraaórticos.
*
Valorar arteriografía cerebral si:
Estenosis
carotídea >50%
Sospecha
de disección carotídea
Sospecha
de angiopatías no ateromatosas (displasia fibromuscular,
vasculitis,...)
*
Ecocardiograma si:
Sospecha
de cardioembolia (para asegurar al máximo el diagnóstico
de cardioembolia la mayoría de autores consideran
oportuno excluir patología ateromatosa carotídea
ipsilateral severa ->50%).
Ictus
en pacientes jóvenes (< 45 años): para descartar
foramen oval permeable, mixoma auricular, miocardiopatías,...
-
Si Ictus hemorrágico repetir TAC craneal si existe deterioro neurológico
o sospecha de proceso expansivo subyacente
*
arteriografía cerebral
En
hemorragia subaracnoidea: fuera del periodo de vasoespasmo
(entre el 4º y 15º día aproximadamente) y de los
4 troncos arteriales encefálicos. Si la primera
arteriografía no demuestra aneurisma o malformación
vascular puede repetirse a las 3-6 semanas (algunos
estudios encuentran entre un 7-10% de anomalías
vasculares en pacientes con primera arteriografía
negativa).
En
hemorragias parenquimatosas con sospecha de malformación
vascular subyacente: hematomas lobares, pacientes
jóvenes sin HTA.
3.
Actitud terapéutica:
3.1.
ictus isquémico:
A. Medidas generales
Reposo
relativo durante las primeras 24-48 horas, ligeramente
incorporado.
No
descender la T.A. a no ser que sobrepase cifras
de 220/120 mmHg. Debe procurarse en tales casos
un descenso lento de T.A. con fármacos por vía oral
(IECA de elección: captopril 12.5 mg/12h, enalapril
5 mg/24h). Solo en caso de emergencias hipertensivas
(insuficiencia renal o insuficiencia cardiaca grave)
utilizaremos la vía IV (labetalol 20 mg en 2-4 minutos,
repitiendo dosis/20 min hasta un máximo de 200-300
mg/día). El
descenso brusco de la Tensión Arterial puede tener
consecuencias desastrosas, aumentando el área de
necrosis por el descenso de la presión de perfusión.
Valorar
el grado de alteración de la deglución. Evitar sobre
todo los líquidos (utilizar espesante) colocando
una sonda nasogástrica en caso de riesgo de broncoaspiración.
Evitar
el suero glucosado (recomendado) durante las
primeras 24-36 horas de evolución del ictus (salvo
si existe hipoglicemia < 80mg%). La hiperglicemia
se ha relacionado con mayor morbilidad y mortalidad
(tres veces mayor) y en modelos animales se ha objetivado
que aumenta el área infartada.
Evitar
el tratamiento con esteroides.
Heparina
de bajo peso molecular como profilaxis de trombosis
venosa profunda (TVP) con dosis entre 2500-5000
ui/24h subcutáneas. Los ensayos clínicos demuestran
un claro beneficio respecto a placebo (reducción
en torno al 80 % de TVP).
Evitar
la hipertermia (>37.5 ºC) con medidas físicas
y farmacológicas (metamizol 2 g/8h iv y/o paracetamol
500 mg/6h v.o.) así como tratando las infecciones
intercurrentes. En modelos animales se ha comprobado
que el número de neuronas destruidas en el área
de isquemia aumenta de forma exponencial con cada
ºC de temperatura aumentado.
B. Tratamiento farmacológico en la fase aguda:
En
el momento actual son muy pocos los fármacos que
hallan demostrado su efectividad en la fase aguda
del ictus isquémico. Están en fase de estudio protectores
neuronales que prolonguen la ventana terapéutica
(viabilidad neuronal) para actuar posteriormente
con trombolisis.
Puede
administrarse Nimodipino
120 mg/día V.O. antes de 12 horas desde el inicio
del ictus, puesto que algunos estudios han demostrado
mejor pronóstico funcional respecto a placebo, aunque
con muestras pequeñas.
Ensayos
clínicos recientes han evaluado la efectividad de
aspirina
y heparina:
a)
los estudios IST y CAST coinciden en que la aspirina
en dosis bajas (300mg/dia) administrada de forma
precoz disminuye la mortalidad
y la recurrencia de ictus durante las 2 primeras
semanas, aunque con un beneficio escaso respecto
a placebo (10 eventos por cada 1000). Además el
pronóstico funcional a largo plazo (6 meses) era
mejor en el grupo de aspirina.
b)
Respecto al valor del tratamiento con heparina de
bajo peso molecular en el estudio de Kay realizado
en Hong Kong y publicado en 1995 en NEJM observaron
un mejor pronostico funcional a los 6 meses con
dosis de 4100 ui/24h o 4100ui/12h de nadroparina,
observando un efecto dosis-dependiente. En el estudio
IST no se observó ningún beneficio clínico al utilizar
heparina cálcica subcutánea.
C. Tratamiento farmacológico a largo plazo
Ante
las pocas armas terapéuticas para la fase aguda,
nuestros esfuerzos han de ir encaminados a la PREVENCION
2ª (evitar nuevos ictus). Los estudios epidemiológicos
demuestran que el riesgo de repetición es máximo
durante el primer año, descendiendo lentamente después,
pero siendo superior a la población general al menos
durante los 5 primeros años (riesgo acumulado entre
25-40%). Algunos estudios clínicos indican que el
riesgo es muy alto en los primeros 30 días tras
el ictus (8-20%): estas recurrencias precoces aumentan
la mortalidad de forma importante, prolongan las
estancias hospitalarias y disparan los costes sanitarios.
En
este sentido es muy importante insistir en el control
de factores de riesgo vascular: tabaquismo (multiplica
el riesgo de nuevo ictus entre 4 y 8 veces según
las series), H.T.A., diabetes, consumo excesivo
de alcohol y cardiopatías. En menor grado influyen
dislipemias, obesidad y sedentarismo, hiperuricemia,
estados de hipercoagulabilidad, hematocrito elevado
y el síndrome de apnea del sueño.
3.1.1 Aterotrombótico:
A.-
Con estenosis carotídea < 70% antiagregación.
AAS 500 mg/día (evitar si antecedentes de ulcus). No existe consenso
acerca de la dosis ideal por una falta de comparabilidad
de los resultados. Líneas de investigación recientes
abogan por dosis mayores a las utilizadas en los
estudios de cardiopatía isquémica (75 a 300mg/dia).
La aspirina se ha demostrado efectiva en estudios
que incluían AIT o ictus minor (escasa repercusión
funcional), pero no con ictus extensos.
Ticlopidina 250 mg/12h
(si ulcus o estenosis severas no quirúrgicas). La
ticlopidina se ha mostrado más eficaz que la aspirina
en la prevención de recurrencias tras AIT o ictus
minor (el estudio TASS muestra reducción aproximada
25% a los 3 años) y en las recidivas tras ictus
extensos (estudio CATS una reducción 30% respecto
a placebo)
Clopidogrel 75 mg/24h.
Es un fármaco recientemente comercializado en nuestro
país, análogo de la ticlopidina y que, como ventajas
frente a ésta, presenta menos efectos secundarios
(se evitan los controles hematológicos seriados
al principio del tratamiento para descartar neutropenias).
En el estudio CAPRIE se comparó clopidogrel (75mg)
frente a AAS (325 mg) y placebo en la prevención
de eventos vasculares (cardiológicos, cerebrovasculares
y vasculares periféricos). Se observó una reducción
del 8.7% de riesgo relativo del total de eventos
en el grupo de clopidogrel respecto al de AAS y
una reducción del 26% de eventos/año-1000 pacientes.
La tasa de hemorragias gastrointestinales fue menor
en el grupo de clopidogrel (2.0%) que en el de AAS
(2.7%). Las neutropenias fueron menores en el grupo
de clopidogrel (0.1%) que en el de AAS (0.17%).
En la actualidad se considera a este fármaco como
una buena opción en pacientes que repiten ictus/AIT
estando en tratamiento con AAS o bien en pacientes
con antecedentes ulcerosos o de sangrado gastrointestinal.
Triflusal 300mg/8-24h.
B.-
Con estenosis carotídea >70%: endarterectomía
+ antiagregación*
(AAS, ticlopidina o triflusal).
*En
pacientes con déficit minor y <80 años sin patología
basal grave. Dos amplios estudios (ECST y NASCET)
han demostrado la eficacia de la endarterectomía
carotídea respecto a la antiagregación sola cuando
se cumplen unos criterios de calidad por parte del
equipo quirúrgico (morbimortalidad <4%), como
es el caso de la sección de Cirugía Vascular de
nuestro centro.
3.1.2 Lacunar: control estricto de cifras tensionales y antiagregación
(como en 3.2.1).
3.1.3 Cardioembolia:
Anticoagulación (repetir TAC craneal antes de iniciarla para descartar
lesión extensa, debiendo esperar en su caso 1-3
semanas). Empezar con heparina sódica 300-400 UI/kg/día
siendo aconsejable la infusión continua. Debe mantenerse
una ratio de TTPA entre 1.5-2. Se mantiene una semana
y luego se pasa a tratamiento por vía oral con dicumarínicos.
El riesgo de nueva embolia es del 1% diario en los
primeros días en casos de fibrilación auricular.
1º
Debemos descartar siempre hemorragia cerebral o
infarto hemorrágico mediante TAC craneal.
2º
Si el paciente ya recibía anticoagulación previa
deberá mantenerse.
3º
Repetir la TAC craneal en 48 horas:
-
Si infarto de tamaño pequeño o mediano:
anticoagulación. precoz
-
Si infarto de gran tamaño: demorar
anticoagulación 7 días
-
Si infarto hemorrágico: se
recomienda esperar 6 semanas
Antiagregación cuando esté contraindicada la anticoagulación (edad
avanzada y dificultades de control periódico del
tiempo protrombina, HTA mal controlada).
3.
2. ictus hemorrágico
3.2.1.
hemorragia parenquimatosa
Reposo
absoluto durante 7-15 días según la extensión de
la hemorragia
No
descender la T.A. a no ser que sobrepase cifras
TA sistólica de 190 mmHg. durante las primeras 24-48
horas. Después mantener un control estricto de TA.
Vigilar
la deglución como en el ictus isquémico.
Analgésicos
con cefalea (metamizol 2g/8h IV) y antieméticos
si náuseas o vómitos (metoclopramida iv).
Evitar
los corticoides: no se han demostrado eficaces y
pueden aumentar las complicaciones.
En
caso de deterioro neurológico algunos autores recomiendan
el uso de agentes osmóticos IV (Manitol al 10 ó
20%), aunque se ha sugerido que pueden aumentar
el hematoma por su efecto de rebote (aumento de
TA posterior).
No
está justificado el uso sistemático de antiepilépticos,
debiendo utilizarse sólo si aparecen crisis epilépticas.
No
existen criterios definidos para el drenaje quirúrgico
de hematomas, puede plantearse en hematomas lobares
en los que aparece deterioro neurológico, no mejora
la recuperación funcional aunque si desciende la
mortalidad. En hemorragias cerebelosas puede plantearse
en caso de hidrocefalia o deterioro neurológico.
3.2.2
hemorragia subaracnoidea
Reposo
absoluto durante 15 días. Analgésicos y antieméticos
como en la hemorragia parenquimatosa. Laxantes para
evitar el estreñimiento (Lactulosa v.o., ácido picosulfúrico
-Evacuol-).
El
riesgo de resangrado es máximo durante la primera
semana. Existe un consenso generalizado en que el
tratamiento quirúrgico/endovascular no debe demorarse
una vez identificado el aneurisma (Se aconseja una
arteriografía urgente y tratamiento antes del 4º
día de evolución, evitando la fase de vasoespasmo
del 4º al 15º día). Si se ha entrado en la fase
de vasoespasmo es aconsejable demorar el tratamiento
sobre el aneurisma a la 3-4ª semana de evolución.
Tratamiento
del vasoespasmo:
Nimotop IV empezando con 5 ml/hora (2 horas) y si
no hipotensión pasar a 10 ml/h. Mantenerlo 15 días
y luego pasar a vía oral (2 comp/4horas) durante
1 semana más. El nimodipino ha demostrado una reducción
en la mortalidad y morbilidad por isquemia (vasoespasmo)
en la hemorragia subaracnoidea.
Bibliografía
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del paciente con enfermedad vascular cerebral aguda.
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Cerebrovasculares. Sociedad Española de Neurología.
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of poor outcome after acute stroke? Results of a
long-term follow up study. BMJ 1997 May 3; 314 (7090):
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Inc. New York 1992.
CAPRIE
Steering committee. A randomised, blinded, trial
of clopidogrel versus aspirin in patients at risk
of ischaemic events (CAPRIE). Lancet 1996; 348:
1329-1339.
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