| 1.
Concepto.
Se define la neutropenia febril como la temperatura
aislada 38,5ºC en una ocasión, o tres tomas 38 ºC
dentro de un periodo de 24 horas; y separadas por
al menos 4 horas de diferencia en un paciente con
recuento de neutrófilos igual o menor a 500/µL.
No se incluye en la neutropenia febril la provocada
por trasfusión de hemoderivados.
2. La intensidad
y duración de la neutropenia es el principal
factor de riesgo reconocible para infecciones bacterianas
y fúngicas. Los tests diagnósticos actualmente disponibles
no son lo suficientemente rápidos, sensibles ni
específicos para identificar o excluir una causa
infecciosa del episodio febril. La mayoría
(50-70%) de los episodios de fiebre en pacientes
neutropénicos quedan sin explicación etiológica
a pesar de una investigación exhaustiva. Entre el
48-60 % de los pacientes neutropénicos que presentan
fiebre tienen una infección oculta o evidente. Por
tal motivo siempre hay que dar tratamiento antibiótico
a estos pacientes.
3. Etiología.
Más del 80 % de las infecciones se deben a la flora
endógena, que suele modificarse tras la admisión
del paciente en el hospital. Ha habido cambios en
el espectro microbiano en las últimas décadas. Desde
los años 80 los Gram-positivos son los más frecuentes
en la mayoría de los centros, especialmente
S. aureus y los estafilococos coagulasa negativos
si los pacientes tienen catéteres intravasculares
implantados. Va en aumento la importancia de los
estreptococos alfa-hemolíticos, sobre todo S.
mitis y
S. sanguis
en pacientes que han recibido tratamiento
con Ara-C, presencia de diarrea o mucositis oral,
administración de anti-H2, y aquellos que han recibido
profilaxis con cotrimoxazol o quinolonas. Los hongos
aparecen en los casos de neutropenia prolongada
o cuando el paciente ha recibido varias tandas de
antibióticos. Son fundamentalmente Candida
spp, Aspergillus spp, Cryptococcus
neoformans y los Phycomycetes.
4. Los lugares
más frecuentes de infección varían según las
series consultadas, sin embargo, la tendencia es
la siguiente: orofaringe (25%), tracto respiratorio
(25%), catéteres intravasculares y piel (15 %),
región perianal (10 %), tracto urinario (5-10 %),
nariz / senos paranasales (5 %) y tracto gastrointestinal
(5%).
5.
Se puede estratificar
en grupos de riesgo. El principal factor de
riesgo es la duración prevista de la neutropenia.
En la Tabla
I se muestran los diferentes factores de riesgo.
6.
Los procedimientos
diagnósticos aconsejables a realizar al ingreso
son: hemograma, coagulación, bioquímica, análisis
elemental de orina, radiografía de tórax, hemocultivos
incluyendo la vía central si la hubiera (una toma
de cada luz) y urocultivo. Coprocultivo y determinación
de toxina de C
difficile si el paciente presenta diarrea. Se
recomienda cultivo del aspirado o biopsia de cualquier
sitio accesible y sugestivo de ser el origen de la
infección. Si persiste la fiebre los hemocultivos
se repetirán a las 72 horas. Se recomienda repetir
analíticas en función de la evolución clínica del
paciente. 7.
Tratamiento
antibiótico empírico inicial. En principio,
la categoría de riesgo no implica diferencias en
la pauta inicial, sino más bien en la duración del
tratamiento o en las primeras modificaciones ulteriores.
Dado el alto riesgo de infecciones bacterianas graves,
todos los pacientes neutropénicos con fiebre se
tratarán con antibióticos bactericidas de amplio
espectro por vía intravenosa y a dosis máximas (
evidencia A, II).
Existen pocos datos que sugieran que una
pauta antibiótica sea superior a otra. Para seleccionar
el tratamiento más adecuado se debería conocer el
patrón de resistencia a los antimicrobianos de los
gérmenes más frecuentes del hospital.
Dado que no hay diferencias entre la monoterapia
y el tratamiento combinado con varios fármacos,
la monoterapia puede considerarse el tratamiento
estándar (A, I). En la mayoría de los trabajos se
recomienda Ceftazidima o Imipenem/cilastatina. Otros
fármacos útiles pueden ser la cefepima y el meropenem.
Nuestra recomendación a la vista de los patógenos
habituales en nuestro medio sería Ceftazidima a
dosis de 2 gr iv/8 h.
La Vancomicina se utilizará (dosis 1000 mg/12
horas a pasar al menos en una hora, ajustar niveles
después de la 3ª dosis administrada) de entrada
en determinados casos como pacientes con infección
evidente del catéter central, en pacientes con mucositis
grave, en los que han recibido profilaxis con quinolonas,
en aquellos con hipotensión u otros datos de gravedad,
o cuando existe colonización demostrada de neumococos
resistentes a penicilina y cefalosporinas o
S. aureus meticilin-resistente. En todos los
casos anteriores se recomienda el inicio empírico
de Vancomicina (A, II). La combinación más recomendada
es Ceftazidima más Vancomicina (A, I) ya que cubre
un amplio espectro y tiene amplio margen de seguridad.
Se retirará la Vancomicina si no hay evidencia microbiológica
de infección por Gram-positivos.
En los pacientes alérgicos a las penicilinas
la combinación ideal sería Vancomicina más Aztreonam.
En la Tabla
II se exponen los principales agentes antimicrobianos
empleados en la neutropenia febril.
8. Manejo
del paciente durante la primera semana. Se pueden
establecer dos grandes grupos en función de la persistencia
o no de la fiebre a las 72 horas. Si ha quedado
afebril en los de bajo riesgo se puede pasar a antibióticos
por vía oral (cefixima o quinolonas) con vistas
a alta precoz. En los de riesgo elevado afebriles
se mantendrán los mismos antibióticos. En todos
los casos con desaparición de la fiebre al 3¼ día
se recomienda mantener el tratamiento una semanas
o hasta que el recuento de neutrófilos esté de nuevo
por encima de 500 /µL, salvo cuando haya datos de
inestabilidad o el recuento sea inferior a 100 /µL
que se mantendrán hasta la recuperación. Todas las
recomendaciones anteriores son A, II, salvo la duración
del tratamiento que es B,II.
En el caso de que persista la fiebre a las
72 horas sin un foco evidente hay que reevaluar
clínicamente al paciente, con nuevas muestras de
hemocultivos y determinación de niveles de antibióticos.
Si no hay cambios clínicos en el paciente o es de
bajo riesgo se continuará con la misma pauta antibiótica
(B, III). Si hay deterioro se cambiarán los antibióticos
(añadiendo Vancomicina, cambiando Ceftriaxona por
Imipenem, etc). Si hay datos clínicos evidentes
de mucositis, añadir antimicrobiano con cobertura
anaerobia (si no recibe ya Imipenem).
La duración de los antibióticos en este grupo
de pacientes con fiebre a las 72 horas sería de
2 semanas y posterior reevaluación (B, II). Puede
ser algo menor si el paciente ha recuperado las
cifras de neutrófilos. Se recomienda añadir Anfotericina
B (dosis de 0,5- l mgr/Kg/ peso/día hasta una dosis
acumulada de 1-1,5 gr al tratamiento) cuando persiste
la fiebre tras una semana de tratamiento y no hay
resolución de la neutropenia.
La recidiva o persistencia de la infección
es improbable con recuentos superiores a 500 /µL
tras 5-7 días de tratamiento antibiótico. Entonces
se pueden suspender
a los 4-5 días de la recuperación del recuento
aunque persistan con fiebre. En la Figura 1 se propone un algoritmo de manejo de la neutropenia febril.
9.
No se recomienda el uso empírico de antivirales si no hay evidencia de infección vírica
(B,II). No obstante, si aparecen lesiones cutáneas
o en mucosas sugestivas de VHS o VVZ (frecuentes
cuando hay mucositis subyacente) está indicado el
tratamiento con Aciclovir para evitar una puerta
de entrada a bacterias u hongos.
10.
Aislamiento
de pacientes. La neutropenia febril no requiere
medidas de aislamiento. Debe efectuarse un lavado
de manos sistemático antes de cada maniobra de exploración
del paciente. Se puede considerar una medida prudente
su ingreso en habitación individual (sin medidas
especiales).
11.
En cuanto al uso de G-CSF
(B, II), acorta en un sólo día el tiempo de neutropenia
y no se ha
demostrado impacto real en la supervivencia global
o disminución de la incidencia de infecciones graves.
Por tanto, no está indicada de manera rutinaria la
administración de G-CSF a los pacientes con neutropenia
febril salvo en aquellos con neumonía, datos clínicos
de sepsis, celulitis o sinusitis graves, infección
fúngica sistémica o en aquellos que persisten neutropénicos
y tienen una infección documentada que no responde
al tratamiento antimicrobiano.
Bibliografía
1.- Freifeld
AG, Walsh TJ, Pizzo PA. Infections in the Cancer
Patient. En: De Vita VT Jr, Hellman S, Rosemberg
SA, ed. Cancer: Principles and Practice of Oncology,
5ª ed.
2.- Gillespie
T, Masterton RG. Investigation of infection in the
neutropenic patient with fever. J Hosp Infect 1998;
38: 77-91.
3.- Hernández-Brochud
M, ed. Care of the patient treated with intensivity
chemoteraphy. Gardiner-Caldwell comunications limited,
1994.
4.- Hughes
WT et al. 1997 Guideline for the use of antimicrobial
agents in neutropenic patients with unexplained
fever. Clin Infect Dis 1997; 25: 551-573.
5.- Klastersky
JA, ed. Febrile neutropenia. Perlín: Springer-Verlag.
1997.
6.- Lalla
F. Antibiotic treatment of febrile episodes in neutropenic
cancer patients. Clinical and economic considerations.
Drugs 1997; 53: 789-804.
7.- Rovira
M, Carreras E, SIerra J, Urbano-Ispízua A. Protocolo
terapéutico empírico de la fiebre en el paciente
neutropénico. Medicine 1998; 7: 3859-3860.
8.-
Talcott JA. Outpatient management of febrile neutropenia:
should be changed the standard of care. The Oncologist
1997; 2: 365-373
|