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1.
Conceptos
(Tabla I). Importancia. La mayoría de los casos
de PA son leves (80-90 %) y se caracterizan por
edema pancreático con escasa repercusión sistémica
aunque un pequeño grupo (10-20 %) cursa con mayor
severidad, produciéndose necrosis glandular con
complicaciones importantes tanto generales como
locales que condicionan un peor pronóstico.
2. La incidencia
anual en nuestro país, en diversos estudios
prospectivos, es de 350 casos / millón habitantes,
produciendo en total unos 15.000 episodios anuales.
En nuestro Hospital la causa más habitual de PA está asociada a colelitiasis. Otras causas
son el alcoholismo crónico, formas idiopáticas,
post C.P.R.E.,
metabólicas (hipercalcemia, hipertrigliceridemia),
por fármacos (inmunosupresores, 5-ASA), postraumática
(la causa más frecuente en niños), postoperatoria,
etc.
3.
La mortalidad
es prácticamente nula entre los pacientes con PA
leve, siendo sin embargo del 25-50 % en aquellos
pacientes con PA necrotizante, con una tasa global
de mortalidad para la enfermedad del 5 %, lo que
supone que anualmente en España fallecen 750 pacientes
como consecuencia de la PA.
4.
El diagnóstico
de la PA clásicamente se establece por: a) sintomatología
típica (dolor abdominal alto, irradiado a dorso,
continuo, intenso, con vómitos), asociada a b) criterio
de laboratorio (elevación de la cifra de amilasa
en sangre u orina más de 3 veces el rango normal),
o (en caso de normalidad enzimática) c) criterio
radiológico: TAC abdominal con signos sugestivos
de PA.
5.
El pronóstico
se puede establecer inicialmente con criterios multiparamétricos
al ingreso del paciente (Ranson en la PA alcohólica,
de Glasgow en la PA no asociada a alcoholismo, de
Imrie para PA de cualquier etiología Tabla II-),
con criterios de severidad radiológica del TAC abdominal
(Balthazar -Tabla
III-), y más recientemente con determinaciones
aisladas de laboratorio (elastasa polimorfonuclear
y proteína C reactiva). No obstante, la mejor valoración
pronóstica se establece con el examen clínico del
paciente a diario.
6.
La PA severa
tiene una evolución bimodal. En la fase inicial
predominan las alteraciones hemodinámicas (shock,
insuficiencia renal) y respiratorias (S.D.R.A.,
derrame pleural) y a partir de la segunda semana
las complicaciones suelen ser locales y de carácter
séptico (infección de colecciones fluidas, abscesos).
7.
Tras establecer el diagnóstico de PA se debe emitir
un pronóstico (Imrie, Balthazar). Las PA que se consideran severas, deberían
ingresar en primera instancia en medicina intensiva,
dado que el ingreso diferido en estas unidades,
tras días de estancia en otros servicios cuando
se complica la evolución, se asocia a una mayor
mortalidad (De Beaux, Gut 1995).
8.
Medidas generales
ante toda PA:
Dieta
absoluta hasta desaparición de dolor abdominal y
del ileo. La
reintroducción de la ingesta de alimentos
se hará de modo gradual, sin restricciones dietéticas
y sin que sea necesario esperar a que se normalice
la amilasemia.
Sueroterapia en cantidad suficiente para normalizar la volemia
(de modo orientativo, 4000 cc/día en un paciente
de 70 Kg). Individualizar las necesidades de cada
paciente, controlar la presión venosa central en
ancianos con cardiopatía.
Analgesia:
Petidina o Pentazocina, en cantidad suficiente para
aliviar el dolor. SI no se consigue alivio, se administrará
morfina en solución diluida en bomba de infusión.
Aspiración nasogástrica: sólo en caso de vómitos o de ileo asociado
a dolor abdominal.
Soporte nutricional: iniciar nutrición parenteral total en las
primeras 72 horas en pacientes con PA severa, si
se prevé ayuno prolongado o si tras iniciar la ingesta
se produce nuevo brote de PA o de dolor. Se pueden
administrar soluciones de lípidos siempre que la
cifra de triglicérido sea < 500 mg %.
Antibioterapia profiláctica: estudios experimentales (Mithöfer,
Gastroenterology, 1996) y clínicos (Sainio, Lancet,
1995) recientes han demostrado eficacia en disminuir
las complicaciones sépticas y mejorar el pronóstico
de la PA severa. No obstante, todavía no puede recomendarse
la generalización de esta práctica hasta que se
analicen series más amplias en estudios controlados.
Los antibióticos que han demostrado eficacia son
aquellos capaces de difundir en el tejido pancreático
necrosado (ciprofloxacino, imipenem).
No han demostrado eficacia contrastada en
el tratamiento de la PA los siguientes fármacos:
antisecretores gástricos, inhibidores de la secreción
pancreática (glucagón, somatostatina), antienzimáticos
(aprotinina, gabexato mesilato), o la administración
de plasma fresco o plasmaféresis con la intención
de neutralizar la actividad proteolítica que se
desencadena durante la PA.
Si
se detecta hipocalcemia se corregirá con gluconato
cálcico iv/8h sólo en el caso de que existan síntomas
o signos de tetania y de que la hipocalcemia sea
de la fracción iónica. Descartar hipomagnesemia
asociada. De coexistir ambas, la calcemia se normaliza
al corregir la magnesemia.
En
las PA severas, debería monitorizarse con pulsioxímetro
la saturación de O2 y si esta fuese < 90 %, debería
realizarse gasometría arterial.
9.
Medidas específicas:
. Los pacientes con PA asociada a colelitiasis
deben ser colecistectomizados una vez recuperados
del episodio inflamatorio, durante el mismo ingreso
(no diferir la intervención).
. La esfinterotomía endoscópica está indicada
en los pacientes con PA biliar con colangitis asociada
a evidencia de coledocolitiasis. También como alternativa
a la colecistectomía en pacientes ancianos o de
alto riesgo para cirugía.
. El tratamiento quirúrgico en la PA severa
complicada debe acometerse si:
+
Hay evidencia de necrosis pancreática infectada
comprobada mediante PAAF
+
Absceso pancreático (alternativa, drenaje percutáneo).
+
Evolución clínica incontrolable clínicamente (inestabilidad
hemodinámica, necesidad de ventilación mecánica,
etc) sin evidencia de infección, tras 4-6 semanas
de tratamiento intensivo.
+
Los pseudoquistes pancreáticos asintomáticos, aunque
sean voluminosos, sólo se controlarán médicamente
y únicamente se tratarán los pseudoquistes complicados
con drenaje percutáneo o quistostomía endoscópica.
Si fracasa se debe acometer la cirugía.
En la Figura
1 se aporta un algoritmo de evaluación y manejo
de la PA.
Bibliografía
1. Banks
PA. Acute and chronic pancreatitis. In: Gastrointestinal
and Liver Disease, 6 th. ed. Sleisenger & Fordtram.
WB. Saunders Co. 1998: 809-862.
2. De Beaux
AC, Palmer KR, Carter DC. Factors influencing morbidity
and mortality in acute pancreatitis: an analysis
of 279 cases. Gut 1995; 37: 121.
3. Sainio
V, Kemppainen E, Poulakkainen P, et al. Early antibiotic
treatment in acute necrotising pancreatitis. Lancet
1995; 346: 663.
4. Steinberg
W, Tenner S, Acute pancreatitis. N Engl J Med 1994;
330: 1198.
5. Wilson
C, Heath DI, Imrie CW. Prediction of outcome in
acute pancreatitis: a comparative study APACHE II,
clinical assesment and multiple factor scoring system.
Br J Surg 1990; 77: 1260.
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