|
Introducción.
La muerte súbita cardiaca es uno de los
principales problemas de salud actuales en los países industrializados.
El mayor inconveniente reside en que gran parte de los casos
de muerte súbita ocurren fuera del hospital, por lo que la
probabilidad de reanimación del paciente es baja. La mayoría
de las personas que sufren una parada cardiaca en la calle
o en su domicilio fallecen o quedan con importantes secuelas
neurológicas. Por este motivo, parece lógico que se tomen
medidas encaminadas a mejorar la asistencia urgente de las
personas que sufren parada cardiaca en la calle. Dado que
la principal causa de parada cardiaca es la fibrilación ventricular,
una de estas medidas consiste en la colocación de desfibriladores
automáticos externos en lugares públicos. Sin embargo, la
aplicación de estos aparatos tiene sus inconvenientes: 1)
debe haber un aprendizaje de las personas que van a utilizarlo;
2) las leyes deben regular el uso de estos aparatos, para
evitar conflictos judiciales frente a personas que intenten
salvar la vida a un paciente con parada cardiaca; 3) es muy
difícil hacer accesible el desfibrilador en todos lo lugares;
4) el desfibrilador no es efectivo en caso de que la parada
cardiaca no sea por fibrilación ventricular.
Dado lo comentado, se necesitan otras
estrategias encaminadas a disminuir la morbilidad y mortalidad
de la muerte súbita. Entre estas estrategias destaca la educación
de la población en las medidas de reanimación cardiopulmonar.
Diversos países han puesto en marcha programas de educación
en métodos de reanimación cardiopulmonar en la comunidad,
junto a un sistema de respuesta médica de urgencia rápido.
La evaluación de los resultados de estos programas ha permitido
demostrar que la reducción del tiempo transcurrido entre la
parada cardiaca y el comienzo de las medidas de reanimación,
es fundamental para la supervivencia del individuo. Cuanto
menor sea este tiempo, mayor es la supervivencia y menor los
defectos residuales cardiacos y neurológicos. En estos programas
se ha comprobado lo importante que es el papel desempeñado
por los ciudadanos en el inicio precoz de la reanimación cardiopulmonar.
El comienzo rápido de la reanimación y la ayuda médica de
urgencia rápida han permitido multiplicar por cuatro la supervivencia
de las personas que sufren un paro cardiaco en la calle.
A pesar de todo, la educación de la población
en medidas de reanimación cardiopulmonar tiene sus inconvenientes.
En primer lugar, la mayoría de las personas que se formen
en tal sentido nunca tendrán que hacer uso de esos conocimientos.
Por ello, se produciría un gran gasto sanitario sin efectividad.
Además, muchas personas no son capaces de enfrentarse con
eficacia a una situación de urgencia como la parada cardiaca.
Es necesario, pues, realizar una selección de los individuos
que permita obtener una mayor efectividad en los programas
de reanimación cardiopulmonar. Una de las soluciones es enfocar
la formación hacia los familiares de los pacientes con cardiopatía.
Esto vendría apoyado también por el hecho de que la mayoría
de las paradas cardiacas ocurren en el ambiente familiar.
Sin embargo, es también necesario seleccionar a los familiares,
ya que todos no están en la misma situación ante el paciente
cardiópata y algunos no tienen suficiente capacidad psicológica
para enfrentarse a la situación de parada cardiaca de un ser
querido. Habría, en todo caso, que incluir en los programas
el apoyo psicológico y el entrenamiento en situaciones de
emergencia.
Recomendaciones.
1. Debe programarse un sistema de formación
en reanimación cardiopulmonar que evite las consecuencias
psicológicas negativas en los familiares y en el propio
paciente.
2. Las medidas de reanimación cardiopulmonar
deben enseñarse de forma individualizada. Debe considerarse
la particularidad de algunos familiares, principalmente
de las personas de edad avanzada.
3. Debe programarse un tiempo de prácticas
suficiente.
4. Es necesario el reciclaje cada cierto
tiempo (se suele recomendar un reciclaje anual).
5. Se debe insistir en repasar los
métodos de reanimación cardiopulmonar frecuentemente (los
familiares en su domicilio deben repasar mentalmente todo
el proceso). Puede ayudar el tener un impreso con las medidas
en un lugar visible.
6. Los médicos deberían aconsejar a
los familiares de pacientes con riesgo de muerte súbita
el aprendizaje de los métodos de reanimación cardiopulmonar.
Medidas de reanimación cardiopulmonar.
Para que sean verdaderamente efectivas,
las medidas de reanimación cardiopulmonar deben ser transmitidas
en directo por un personal especializado, generalmente médicos
y enfermeras. Las clases deben llevar su parte teórica y un
gran contenido práctico. Por ello, desde aquí no es factible
transmitir una completa educación en reanimación cardiopulmonar.
Sin embargo, es posible dar una serie de medidas generales
teóricas que contribuyan al aprendizaje de la resucitación
cardiopulmonar.
1. Cuando una persona pierde bruscamente
el conocimiento, es necesario comprobar que tiene una parada
cardiopulmonar. Hay que tomarse unos segundos en hacer esta
comprobación para evitar realizar medidas de reanimación
cardiopulmonar a una persona que simplemente ha tenido una
lipotimia u otra causa no mortal de pérdida de conocimiento.
Debe intentarse tomar el pulso arterial en varios puntos;
palpando en el lateral del cuello puede sentirse la arteria
carótida, en la muñeca la arteria radial, en el antebrazo
la arteria humeral y en la ingle la arteria femoral. También
es útil palpar en la región del corazón y comprobar que
no existe latido cardiaco. Es necesario confirmar que la
víctima no respira; para ello observe si el tórax realiza
movimientos respiratorios o acerque el oído a la boca de
la víctima para intentar oír los ruidos respiratorios.
2. Una vez comprobada la parada cardiaca,
debe verificarse que la vía aérea está libre. Con la víctima
colocada en decúbito supino (boca arriba), debe extenderse
el cuello hacia atrás y levantarse la mandíbula. Si existe
la probabilidad de un atragantamiento por un cuerpo extraño,
debe realizarse la denominada maniobra de Heimlich. Ésta
consiste en abarcar el tórax de la víctima con los dos brazos,
colocándose por detrás de ella, desde la espalda, y comprimir
con fuerza el tórax, para así intentar expulsar el cuerpo
extraño con el aire que intenta salir por la tráquea.
3. Se debe avisar rápidamente al servicio
de urgencias.
4. Una vez comprobado que la vía aérea
está libre, y si la víctima continúa sin respirar, deben
iniciarse las respiraciones. Con la cabeza de la víctima
en hiperextensión, debe abrírsele la boca con una mano y
cerrársele la nariz con la otra y realizar la respiración
boca a boca. Al soplar por la boca de la víctima, el tórax
de la misma debe insuflarse, lo que nos asegura que el aire
está entrando bien.
5. La compresión del tórax debe de
iniciarse de inmediato si la víctima continúa sin pulso.
La compresión debe hacerse sobre el esternón, de manera
que se hunda unos 4-5 centímetros. El ritmo debe ser de,
aproximadamente, 80-100 compresiones por minuto. Si hay
2 personas, una debe realizar la compresión del tórax y
la otra la respiración boca a boca. La efectividad de las
compresiones se confirma con el pulso. Si sólo hay una persona,
debe comprimir el tórax unas 10 veces por cada respiración.
Si hay 2 personas, una comprimirá el tórax unas 5 veces
por cada respiración que aplique la otra.
6. Las compresiones del tórax
y la respiración boca a boca deben mantenerse hasta que
llegue el servicio de urgencias.
|