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Consecuencias del hábito de fumar.

Esta ampliamente demostrado que fumar es perjudicial para la salud. El tabaco puede producir múltiples enfermedades, como son la bronquitis crónica, enfisema pulmonar, cáncer del tracto respiratorio y la arteriosclerosis y sus consecuencias (infarto de miocardio, trombosis cerebral, isquemia en extremidades inferiores, etc.). El tabaco es uno de los principales factores de riesgo de enfermedad coronaria. Esto es debido, principalmente, a que favorece la aparición de arteriosclerosis y estimula la coagulación sanguínea (con lo que es más fácil que se formen coágulos que obstruyan las arterias). Además, los componentes del tabaco pueden producir espasmo coronario, lo cual puede dar lugar a angina de pecho. El tabaco favorece la arteriosclerosis precoz y las personas que fuman tienen infartos con más frecuencia y a menor edad que las que no fuman. La incidencia de enfermedad coronaria en los fumadores es el triple de la de los no fumadores. La probabilidad de padecer enfermedad coronaria es directamente proporcional a la cantidad de tabaco consumido y a la duración del hábito de fumar. Las personas que fuman suelen vivir menos y con peor calidad de vida que las que no fuman. Se supone que, por término medio, los fumadores vivirán de 10 a 15 años menos que si no hubieran fumado. Los cigarrillos con filtro o bajos en nicotina no disminuyen el riesgo. Las mujeres fumadoras, a pesar de estar protejidas por sus hormonas frente a la enfermedad coronaria, terminan teniendo las mismas complicaciones que los varones. El riesgo en ellas es mayor si fuman y toman anticonceptivos orales.

Las consecuencias del tabaco se multiplican cuando el fumador está sometido a la acción de otro factor de riesgo coronario (sobre todo hipertensión arterial, hipercolesterolemia o diabetes) o padece cardiopatía isquémica. El tabaco dificulta el control de la tensión arterial y puede favorecer el desarrollo de hipertensión maligna. Por otro lado, el tabaco aumenta la concentración en sangre del colesterol LDL (colesterol "malo") y reduce la del colestetol HDL (colesterol "bueno"). Los pacientes que han sufrido un infarto de miocardio o tienen lesiones coronarias y continúan fumando tienen un alto riesgo de reinfarto y muerte prematura. Sin embargo, los que dejan de fumar tienen menos recaídas y viven mas años. Las personas diagnosticadas de enfermedad coronaria que continúan fumando tienen una alta incidencia de ángor, infarto, insuficiencia cardiaca, ictus y claudicación intermitente de extremidades inferiores. A los pacientes operados de las coronarias que siguen fumando se les obstruyen rápidamente los puentes realizados (by-pass). Por último, debe recordarse que el tabaco no sólo afecta al fumador sino que también repercute sobre la salud de los que le rodean (fumadores pasivos), que habitualmente suelen ser sus familiares más directos y compañeros de trabajo. Al igual que con los fumadores, el riesgo de enfermar de los fumadores pasivos es proporcional a la cantidad de humo que inhalan.

Productos tóxicos del tabaco.

El tabaco produce sus efectos nocivos sobre el sistema cardiovascular, principalmente, a través de dos de los componentes liberados con el humo: la nicotina y el monóxido de carbono. La nicotina incrementa la agregabilidad plaquetaria, así como el colesterol y los triglicéridos séricos, mientras que disminuye el colesterol-HDL. El aumento de la agregación plaquetaria, del colesterol y los triglicéridos favorece el desarrollo de arteriosclerosis. Además, la nicotina estimula la liberación de adrenalina y noradrenalina, que son hormonas que pueden producir vasospasmo y favorecer la lesión de la pared de las arterias. Estas hormonas también aumentan la frecuencia cardiaca y la presión sanguínea, con lo que el músculo cardiaco requerirá más oxígeno para funcionar correctamente. El monóxido de carbono también aumenta la agregabilidad plaquetaria y el colesterol sérico. Además, disminuye el contenido de oxígeno de la hemoglobina, por lo que llega menos oxígeno a los tejidos y, por ello, al músculo cardiaco. El uso de cigarrillos "ligth" no disminuye los efectos nocivos del tabaco sobre el sistema cardiovascular. Los fumadores de tabaco bajo en nicotina suelen inhalar más humo para compensar la menor entrada de nicotina al organismo, por lo que, al final, la concentración de nicotina en sangre no disminuye y la cantidad de monóxido de carbono inhalado puede ser mayor, con lo que los riesgos no son menores que los que tiene el tabaco normal.

Consecuencias de dejar de fumar.

El principal inconveniente de dejar de fumar es que se sufren los síntomas derivados de la deprivación de la nicotina, ya que el tabaco es una droga y provoca adicción. La falta brusca de la nicotina en un adicto al tabaco le produce nerviosismo, irritabilidad, ansiedad, astenia, sequedad de boca, molestias digestivas, sensación de hambre y sed, etc. Esto se acompaña de un fuerte deseo de fumar. Estas sensaciones pueden persistir durante semanas, pero suelen ir disminuyendo de intensidad con el tiempo. Algunas personas continúan con el deseo de fumar durante meses e, incluso, años, lo que provoca en bastantes de ellas la recaída en el hábito.

A pesar de todo, las consecuencias beneficiosas de dejar de fumar superan con creces estos inconvenientes. El individuo que abandona el tabaco comienza a sentir rápidamente una sensación de mejoría general. Desaparecen las frecuentes molestias diarias relacionadas con el tabaco, como son el cansancio, la tos, la expectoración oscura de las mañanas, las molestias de estómago, etc. El individuo siente que respira mejor, que sus pulmones se llenan más con cada inspiración. Se recupera el sentido del gusto y el olfato, de manera que las comidas saben y huelen mejor. A la larga se enlentecen las manifestaciones externas de envejecimiento. Además, el dejar de fumar favorece un mejor control de la tensión arterial. Por otro lado, se reduce drásticamente el riesgo de enfermar por el tabaco. En este sentido, al año de haber dejado de fumar el riesgo de sufrir un infarto de miocardio o una trombosis cerebral se reduce a la mitad y a partir de los 3 años este riesgo es prácticamente el mismo que el que tienen los no fumadores. Por ello, el dejar de fumar puede considerarse como una de las medidas terapéuticas más efectivas a tomar en los pacientes con enfermedad coronaria.

Cómo dejar de fumar.

No existen métodos maravillosos para dejar de fumar. Para poder abandonar el tabaco, la primera condición que debe existir es que el fumador tenga la voluntad seria de conseguirlo. Si una persona no está totalmente convencida para dejar de fumar, no abandonará el tabaco o, si lo hace, recaerá pronto. En ocasiones, el convencimiento surge cuando el fumador ve las consecuencias del tabaco en otra persona o en él mismo. En general, cuando a un individuo se le diagnostica una enfermedad derivada del tabaco, surge en él la consciencia del riesgo de fumar y aparece el momento para dejarlo, aunque, por desgracia, a veces es demasiado tarde. En muchas ocasiones el fumador es consciente de que el tabaco es dañino para su salud, pero no lo puede dejar, es decir, no tiene la suficiente fuerza de voluntad. Sin embargo, muchas personas consiguen dejar de fumar indefinidamente, por lo que nadie debe desanimarse, incluso aunque lo haya intentado sin éxito con anterioridad.

Una vez la persona se decide a abandonar el tabaco, debe ser enérgico en su decisión y dejar de fumar en ese mismo momento. No se debe dejar para más tarde pues, habitualmente, el momento idóneo nunca llega. Con frecuencia se recomienda elegir un día concreto para iniciar el abandono del tabaco, lo cual puede ser útil en personas metódicas. Probablemente lo mejor sea dejarlo ¡ya!. No importa la edad, ya que pueden obtener beneficio incluso las personas mayores que han estado fumando desde su juventud. Algunos consiguen dejar de fumar disminuyendo progresivamente el número de cigarrillos consumidos por día, pero esta técnica falla en la mayoría y no consiguen eliminarlo totalmente. Sin embargo, cualquier método es bueno si se está decidido.

Es recomendable mentalizarse de la razón por la que se deja de fumar. Debe recordarse lo peligroso que es el tabaco. Diariamente hay que enfrentarse al deseo de fumar, recordando que la decisión ha sido tajante porque el tabaco es dañino. Puede ser útil aprender técnicas de relajación. Por supuesto, no se debe estar cerca de nada relacionado con el tabaco. Es necesario tirar los últimos cigarrillos, los mecheros y hasta los ceniceros. Hay que alejarse de los fumadores y de los lugares donde se fuma. Es recomendable acudir a lugares donde esté prohibido fumar. Tiene que hacer suya la respuesta "no fumo". Es bueno distraerse para olvidar el deseo de fumar. Busque el apoyo de otras personas no fumadoras y distráigase con su familia. Se recomienda aprovechar la ocasión para iniciar una actividad física regular. En otros momentos el deseo puede pasarse comiendo fruta, bebiendo agua o leche o masticando chicle. Cuando los síntomas de deprivación de la nicotina son importantes, pueden ser útiles los chicles o parches dérmicos de nicotina (teniendo en cuenta que están contraindicados en el periodo inmediato tras un infarto de miocardio y en enfermos con angina no controlada, arritmias graves o insuficiencia cardiaca descompensada). Los parches y chicles de nicotina permiten aliviar los síntomas de deprivación, aunque no los suelen eliminar totalmente. El tratamiento sustitutivo con estos productos puede requerir desde pocas semanas a varios meses. No es recomendable usar chicles o parches de nicotina y seguir fumando ya que, además de que no se abandona el tabaco, existe riesgo de complicaciones.

Procure mantenerse firme y no ceder ante la tentación de fumar un solo cigarrillo. No ceda ni aunque piense que un único pitillo no es perjudicial, pues puede recaer. Si tiene la desgracia de caer en la tentación y llegar a fumar, no se desanime, vuelva al comienzo de estas recomendaciones, pues el beneficio de dejar de fumar justifica cualquier sacrificio. Recuerde que muchas personas que han dejado de fumar lo han logrado después de varios intentos. Algunos continúan fumando porque piensan que si lo dejan tendrán más apetito y aumentarán de peso, cosa que es cierta en muchos casos. Sin embargo, la ganancia de unos kilos en su cuerpo está muy lejos de ser tan perjudicial como el tabaco, por lo que siempre saldrá ganando.


 

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