Los
respiradores disponen de diversos sistemas de alarma que
avisan al personal sanitario de los cambios en el estado del
paciente o posibles anomalías en el funcionamiento del aparato.
Las alarmas son dobles: Un micropocesador y un sistema de
alarma de reserva por si falla el primero.
Existe también un límite
máximo de presión para evitar daños al paciente.
Los sistemas
de alarma nos avisan sobre los cambios que se producen
en:
• Presión
en la vías respiratorias.
Esta alarma nos avisa de
un aumento de presión en las vías respiratorias del paciente.
Situación que se puede presentar en presencia de posibles
tapones mucosos, brocoespasmos, así como en pacientes insuficientemente
sedados o desadaptados que intentan respirar por si solos.
• Volumen
minuto espirado.
El respirador mide el volumen
de aire espirado por el paciente en cada respiración.
Si este volumen desciende
por debajo de las cifras normales se activará la alarma correspondiente
(Alarma de alta prioridad).
Esta situación se puede
presentar tanto en pacientes que intentan respirar por su
cuenta en cuyo caso el respirador no puede administrarle el
volumen de aire pautado, en presencia de tapones mucosos y
en posibles desconexiones de la tubuladura del respirador.
• Concentración
de oxígeno.
La cantidad de oxígeno que
llega al respirador desde la toma de suministro está siempre
monitorizada. En caso de un descenso del mismo las alarmas
de oxígeno nos avisarán.
En estos tipo de alarmas
existe un límite máximo y mínimo.
Las alarmas disponen de
sistemas acústicos que varían en función del tipo de alarma,
señales ópticas y mensajes escritos en la pantalla del respirador
(en los modelos mas recientes) donde se refleja la causa que
la ha disparado.
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